1 de marzo de 2015

Una tarde en el Cerro El Chicharón

26 de febrero. Fui con mi estimado Quercus a una reunión que hizo en su casa por su cumpleaños. Durante un momento estuvimos hablando de caminatas, a dónde fuimos en épocas pasadas y de los lugares que ahora él caminaba. Me lamenté un poco en el sedentarismo en el que había caído y la facilidad con la que había dejado de caminar bajo cualquier pretexto.

29 de febrero, 13:40 Hrs. Me vuelve la inquietud de sacar este cuerpo a caminar la barranca, llegar al puente de Arcediano y un poco más. Conforme pasan los minutos tomo otra decisión, iré mejor a otro lugar, a el Cerro el Chicharrón, dejaré la barranca para otro día mejor. Así que tomo lo que puedo y comienzo a arreglar una mochila básica, mi inventario queda en los siguiente:
  • 2 botes de agua.
  • Una caja de madera para proteger otras cosas
  • Guía de campo de aves
  • Binoculares
  • El viejo GPS lLowrance
  • Mapa topográfico de la zona
  • Silbato
  • Lámpara
  • Libreta de notas.


Es hasta las 16:00 que puedo salir de casa, muy tarde para los viejos estándares pero ahora hay otras circunstancias, el objetivo: la punta del Cerro el Chicharrón antes de que caiga el sol. La salida es rápida y mentalmente no me faltan escusas para quedarme en casa “El sol está tremendo”, “Ya vas muy tarde” pero aún así salgo. El camino es relativamente ágil hasta que en el Camino a Tesistán y cerca de la desviación a Colotlán que sería el camino que yo voy a tomar el tráfico se torna denso e insoportable dibujando un largo tramo en rojo en el mapa en el celular -¡Diáblos! La ciudad no me quiere dejar escapar- ¿Por que ahora hay tanta gente en este camino? Ese embotellamiento me retrasa más, pero al fin de un rato ya avanzo con regularidad y llego a Monticello donde desmonto del caballo de metal ( 20.900781° -103.425713°).

No pienso en el sol, ni que la pendiente está empinada, ni que es tarde, solo que hay un lugar al que quiero llegar y en el que estuve hace mucho tiempo. Mochila al hombro comienzo la marcha, rápido un bosque de robles con sus hojas secar borran la discreción de mis pasos que ya se enfilan colina arriba, esta vez cargado al este, recuerdo que la ocasión anterior lo hice cargado al otro lado y pienso si llegaré al mismo lugar por que ya una cañada me comienza a separar y enfilo hacia unas peñas. Lo pronunciado de la pendiente le dicen a mi sedentario cuerpo que has estado demasiado tiempo en esa silla y mis pulmones que llevan una semana con infección respiratoria empiezan a reclamar más aire. Pienso que la caminata me sirva para purificarlos a mis pulmones y un poco a mi espíritu. Todavía no se pone el sol y ya veo a la luna, está creciente y es más su cara iluminada, antes eso lo sabría antes de salir pero hoy pienso que su cara iluminada me servirá en el regreso.

Mis pasos me llevan cerca de unas peñas y todavía escucho a una animadora de fiesta infantil del pueblo allá abajo y creo que no estoy lejos de terminar de subir y dejar atrás a la animadora, a la civilización y por un breve momento estar sólo el cerro y yo. Finalmente la pendiente se suaviza, camino detrás de una loma y hay un poco de terreno plano, la animadora ya no se escucha, el viento rueda las hojas de los robles, he comenzado a llegar a mi destino y no queda demasiado lejos. No es mucho lo que tengo que caminar para empezar a verlo y pienso que estaba más cerca de lo que recordaba.

He llegado (20.909197° -103.421168°) y con un poco de tiempo de sobra. Así durante un rato batallo con mi garganta para aclararla y terminar con ese molesto ataque de tos. Aprovecho para buscar algo que dejé la última vez que estuve ahí (marzo 2009), pero no lo encuentro aunque ya no tiene importancia.

Finalmente una piedra es mi asiento, un cuervo pasa cerca presumiendo sus clavados en el aire y su escalada por las corrientes termales, me quito los zapatos para sentir la piedra. Allá abajo se ve buen lugar para acampar. Seguro que es tranquilo, el cerro casi ni tiene animales de pastoreo, tal vez algún venado o coyote caminen por aquí pero no vi ni sus excrementos ni huellas en mi ruta.

De a poco a poco el sol cae sobre el horizonte y el aire arrecia, vuela mi sombrero, la luna brilla más, el cielo está claro, no hay nubes que se pinten de naranja y es una buena tarde para estar conmigo mismo. Paso a paso llegué al destino y llegué a tiempo, mil excusas me pudieron detener de no estar ahí en ese momento pero estaba ahí y la tarde tocaba a su fin y Luis Enrique platicaba con Luis Enrique.

Me quedé hasta que Orión ya aparecía en el cielo, traía la lámpara pero opté por que la luna iluminara mi camino, ya lo había hecho así antes y no podía ser distinto. La bajada es siempre más difícil que la subida, pero me dije que no tenía ninguna prisa, que podía andar con pasos pequeños, firmes y volver sobre ellos pero siempre apuntando a tu azimut.

“Cuando no puedas caminar sobre hombros de gigantes, pisa en las piedras”

Poco a poco bajé, el viento nocturno me acompañó, la luna iluminaba mi camino. Es fácil olvidar esos detalles en la jungla de asfalto, pero es bueno volver a ellos. Poco a poco mis pies caminaban como solían hacerlo, con cuidado, buscando suelo firme y con discreción. No siento miedo de caminar así, a veces es más peligroso caminar en la ciudad. Paso a paso bajo y se acaba la pendiente y llego a mi transporte.

Hoy fue un buen día.

El cerro el Chicharrón está cerca de Tesistán por el camino a Colotlán, es un poco difícil subir por su pendiente, pero es muy tranquilo allá arriba. Por la ausencia de basura lo sabes. Son bosques de roble y con las primeras lluvias se torna verde. Detrás de sus lomas se apaga el sonido de la ciudad y solo queda el del viento. Es un buen lugar para un campamento. Google maps.






3 comentarios:

Quercus Mx dijo...

Muy buen relato y que bueno que te animaste a salir de nuevo!

Quercus Mx dijo...

Muy buen relato y que bueno que te animaste a salir de nuevo!

Anónimo dijo...

Hola, me agrada leer tus relatos.. yo también soy de gdl.